lunes, 17 de septiembre de 2012

almita asesina


Y así, entre cosa y cosa Almita iba hilvanando pensamientos. Los zapallitos crecían y ella empezaba a entender que no eran zapallitos. Tampoco sabía bien qué eran. Su método de cultivo era divertido pero poco efectivo, poco certero a la hora de saber cómo tratar una planta o cuando cosechar sus frutos. Almita estaba contenta. Fuera lo que fuera se lo estaba comiendo y estaba riquísimo. Almita se acercó a la pileta y escurrió las prendas que estaban en jabón. Puso otras más oscuras. Se llevó el balde al baño y abrió la canilla. Salió de nuevo al jardín y siguió oliendo flores, cortando algunas, dejando otras, intentando que las plantas vivieran más de lo supuesto. Descubrió un insecto en una hoja y casi instintivamente lo aplastó entre sus dedos. Almita se quedó callada, mirandose las manos. No podía creer lo que había hecho. Almita respetaba la vida y no le gustaba matar. No había sido un acto consciente. ¿qué había en su cabeza escondido que le había hecho reaccionar así? ¿habría sido una reacción automática de autodefensa? ¿acaso sus plantas habían pasado a formar parte de sí misma? ¿porqué se mata? ¿por miedo?
El miedo había sido parte de la vida de Almita durante toda su infancia y parte de su adolescencia. Miedo al rechazo, miedo a la burla, miedo a las alturas, miedo a la maestra, miedo a sus padres, miedo de que su noviecito la dejara, miedo de que sus amiguitas se enojaran por algún comentario que había hecho. Todo esto parecía tan lejano.... Almita hoy no sentía miedo de nada, o por lo menos eso era lo que ella creía. Tardaría poco en comprender que no era así.